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Mon 28 Jul 2014
Cómo oir la voz de Dios PDF Print E-mail
Written by Oscar R.   
Wednesday, 23 December 2009 16:19

Crecimiento espiritualUna de las afirmaciones más básicas del cristianismo es que Dios habla al ser humano. A través de toda la Biblia se ve la frase: “Y dijo Dios . . . ” No nos toma demasiado tiempo darnos cuenta de que ciertamente Dios habla al ser humano. Dios desea relacionarse contigo. Desea relacionarse en forma personal contigo. No hay relación sin comunicación. Dios ha elegido hablarnos.

Dios a lo largo de toda la vida de la Iglesia habla con su pueblo, con los santos, con los mas humildes.

La cuestión es que a menudo hay problemas en la comunicación. Cuando alguien me habla, a  menudo yo
a) no la oigo, y b) la malinterpreto. ¡No me cabe duda de que soy el único hombre al que le pasa eso!?!

En los grupos de padres de familia de Courage siempre veo algo, y es que lo hombres tienen problemas de comunicación con las mujeres y visceversa, hay un par de cosas que necesitamos
comprender sobre las mujeres . . .¡y nadie sabe qué cosas son! Si tengo tanta dificultad con mi esposa, con quien paso la vida entera y a quien amo y conozco, y aun así no siempre nos
comunicamos con claridad, ¿no es lógico que tengas problemas de comunicación con Dios?

¡Y los tenemos!

Para serles franco, desconfío mucho de la gente que siempre tiene una palabra clara de parte de Dios. Muchos de los que afirman que Dios les habló han cometido una cantidad enorme de
tonterías. Siento mucha desconfianza cuando alguien se me acerca y  me dice: “Dios me dijo tal cosa . . .” Siempre tienen una palabra clara. Algunos creen que los sacerdotes o líderes siempre entendemos con exactitud qué es lo que Dios quiere que hagamos. Eso no es verdad. A menudo tengo tanta confusión como cualquier otra persona en cuanto a lo que Dios está diciendo, o lo que quiere
decir.

Algunos creen que tengo un pequeño teléfono rojo en mi escritorio y que uso la línea de Dios; creen que Dios me dice qué es lo que debo decirles a ustedes y que esa es mi forma de
hablar con Dios. Dios no me envía correos electrónicos; no me envía telegramas. Tampoco Dios me envía un fax. A veces siento tanta confusión como ustedes en cuanto a este tema de oír a
Dios.

Por otro lado, hay veces en la vida en las que, cuando Dios habla, no me cabe absolutamente ninguna duda de que es Él quien me está hablando. Tal como cuando me llama mi madre por
teléfono: no tengo que preguntar quién habla; le conozco la voz. Hay veces que Dios me habla y yo sé exactamente quién es, quién me está metiendo esa idea en la mente. Sé de dónde proviene
eso que se está grabando en mi mente.

¿Qué es lo que produce la diferencia? La diferencia está en nuestra actitud. No hay nada más importante para ti que entender que Dios desea hablarte y que efectivamente puedes
oírlo con sólo sintonizarlo. Una vez dijo Jesús, en Lucas 8,8: “El que tiene oídos para oír, ¡que oiga!” Abre tus oídos. Debes estar sintonizado para poder oír a Dios hablar.

Algunos teléfonos inalámbricos tienen diferentes canales. Si tomamos uno y no se escucha muy claro, hay mucha estática y ruidos, cambiamos y cambiamos de canal hasta llegar al acertado y ahí
de repente, se escucha más claro que el agua. Muchas veces Dios te ha hablado pero no escuchaste con claridad porque no estabas en el canal debido. En este momento hay muchas
ondas de radio en esta sala pero tú no las oyes porque no estás sintonizado. Inclusive están pasando por tu cuerpo. Hay ondas de televisión que están cruzando el aire en este instante; ni
siquiera las ves. Si tuvieras un receptor y sintonizaras bien, podrías ver la imagen. En este momento Dios les está hablando a muchos aquí; tú no lo ves, pero es así; es que tu recepción está
borrosa.

Quiero aclararles que todo esto es cuestión de actitud mental. Hay cuatro tipos de actitudes, de las cuales dependerá que recibas, o no, el mensaje de Dios con claridad. Esto es algo muy
importante. Obviamente, si puedes sintonizar a Dios, Él te guiará y te hará ahorrar mucho tiempo, y evitar que cometas errores; te dará consuelo cuando lo necesites, te guiará, y mucho
más.

Jesús contó la historia que se encuentra en Lucas 8, donde dice: Les voy a relatar una historia.

Había un sembrador que salió a sembrar semillas, y al hacerlo, la semilla cayó en distintos tipos de terreno. En la antigüedad, en elMedio Oriente no se plantaba una semilla en un agujero que luego se cubriría con tierra. Se hacía lo que se llamaba sembrado al voleo, es decir por diseminación. El sembrador tenía una bolsita llena de semillas colgando a su costado y, mientras caminaba por el campo, el cual él ya había labrado, las arrojaba, desparramándolas. Lógico, algunas de las semillas caían en buena tierra y otras no. Dice Jesús que estos cuatro tipos de tierra representan cuatro actitudes. No se trata de cuatro tipos diferentes de personas, sino que en realidad todos nosotros hemos tenido estos cuatro tipos distintos de actitud. De cuando en cuando las modificamos. A veces estamos muy abiertos a Dios y a lo que Él nos quiere decir. Otras veces estamos muy cerrados.

1. DEBO CULTIVAR UNA MENTE ABIERTA.

Debo esperar ansiosamente que Dios me hable, debo estar a la espera de oírlo. Debo estar listo y dispuesto a escuchar a Dios. Algunos de los que leen este artículo no creen en Dios o no forman parte de Courage. Están en la búsqueda. Tienen a Jesús “en observación”. Bienvenidos, estamos contentos que estén aquí. Otros son nuevos miembros de Courage. Otros hace muchos años que formamos parte de esta comunidad y creemos en Jesús pero si yo les preguntara si alguna vez oyeron a Dios hablarles, muchos dirían: “No recuerdo ni una vez en la vida en que Dios me haya hablado”. No me refiero a una voz audible, sino a un pensamiento o idea que te vino y que supieras que eso sí venía de Dios.

Muchos escritos de vidas de Santos, cuando se refieren a que Dios les hablaba, no se refieren a la voz audible de Dios, sino a que ellos tenian una mente abierta para sintonizar el canal de Dios. Si nunca has estado en este canal lee detenidamente.

¿A qué se debe esto?

 Una de las razones podría ser que nunca hayas estado abierto a esa posibilidad. Quizá ni siquiera sabías que era posible que Dios deseara hablarte directamente. Quizás como yo, habias cometido el error de que Dios hablaba solo audiblemente y solo a unos pocos elegidos, no hay nada mas falso que esto. Pensabas que quizá Dios no quería hablarte, y quizá ni siquiera crees en eso. Cuando te cierras
mentalmente, es obvio que Dios no puede comunicarse. Este es el primer tipo de terreno. V. 5: “...una parte cayó junto al camino; fue pisoteada, y los pájaros se la comieron . . . [V. 12] Los que están junto al camino son los que oyen, pero luego viene el diablo y les quita la palabra de  su corazón, no sea que crean y se salven”.

En cada granja, en cada campo, había un sendero por el que caminaba el labrador. Al caminar, sembraba la semilla en la tierra que estaba preparada. Los senderos tienen dos características: Una es que se endurecen por causa de la gente que constantemente camina encima. El suelo se compacta y no es fértil y preparado como el campo. Es duro. La otra característica es que el sendero es angosto. ¿Conoces a alguien que sea así? Gente cerrada y estrecha de mente, con el corazón endurecido. Ni siquiera están abiertos a la posibilidad de que Dios les pueda hablar. Por consiguiente Jesús dice que el labrador siembra semilla pero ésta no penetra a causa de lo duro y compacto del terreno. No echa raíِces, no crece, se queda en la superficie del terreno y las aves vienen y se la comen. Ni siquiera tiene la oportunidad de crecer. Lo mismo ocurre muchas veces con nosotros. Dios quiere hablarnos pero ni siquiera tiene la oportunidad de hacerlo debido a nuestra mente cerrada, a nuestro corazón ndurecido, porque ya hemos tomado una postura, no estamos dispuestos a escuchar, ya hemos decidido qué es lo que vamos a hacer, así que no queremos oír a Dios. Hemos resuelto qué es lo que haremos en esta situación.

¿Qué es lo que nos hace tener la mente cerrada?

A) Orgullo. El orgullo nos hace tener la mente cerrada. Cuando me digo a mí mismo: “Yo no necesito a Dios. No necesito oírlo. Puedo arreglármelas por mi propia cuenta en esta decisión comercial. . . no necesito a Dios. Yo sé lo que tengo que decirle a mis hijos . . . no necesito a Dios. Yo sé cómo manejar las cosas cuando salga con esa mujer (o con ese hombre) . . . no necesito a Dios. Me puedo sacar una buena nota en el examen sin necesidad de orar”. Cada vez que optas por no orar con respecto a algo, estás en efecto diciendo: “No necesito a Dios en este asunto. Me las puedo arreglar por mi cuenta. Puedo resolverlo solo. Puedo darle solución yo solo. Puedo arreglármelas con este lío. Puedo corregir este error. Puedo resolver ese conflicto. No necesito a Dios”. Eso es orgullo. Cuando estoy lleno de orgullo, le cierro la mente a Dios y Él no puede venir a decirme nada porque yo ya lo resolví todo. Así que no oro.

B) Temor. A veces tenemos temor de lo que Dios pueda decirnos. ¿Qué pasa si oro o le abro la mente a Dios y me pide que haga algo que no quiero hacer? Quizá me pida algo difícil. Quizá me pida que haga algo que le desagrade a la gente. Quizá me pida que haga algo que yo creo que no puedo hacer o que no deseo hacer. Así que me da miedo. Si permito que Dios me hable, podría convertirme en un fanático. Me voy a convertir en uno de esos tipos raros que predican y me voy a tener que hacer un peinado de esos extravagantes, o solo voy a tener que escuchar música religiosa, y voy a andar diciendo cosas raras, espantando demonios por el mundo, etc. Quizá Dios me termine convirtiendo en un religioso medio loco. Así que me da miedo. Me da miedo perder mi libertad. Me da miedo no poder divertirme más. Me da miedo no sentirme más realizado en la vida. No, Dios, muchas gracias. Entonces me cierro mentalmente. Algunos le cierran la mente a Dios sólo por temor.

 C) Amargura. Cuando se nos ha lastimado y nos aferramos a las memorias dolorosas, le cerramos la mente a Dios. Y creo que todos lo que llegamos a Courage traemos una especial amargura contra Dios a causa de nuestra atracción al mismo sexo. Comenzamos a decir cosas tales como: “Dios, ¿por qué permitiste esto? ¿Por qué me está ocurriendo aquello? Si eres un Dios tan amoroso y poderoso, ¿por qué sucedió tal cosa?” En la vida nos lastiman y sentimos dolor. Estamos en la tierra, no en el cielo. Dios nos ha dado libertad de elección, es decir que el ser humano tiene la libertad de hacer cosas malas en la vida, y la consecuencia de ello es que hay gente inocente que termina sufriendo. No todo lo que ocurre en este mundo es voluntad de Dios. Dios nos dio libertad de elección y la consecuencia es que hay gente que termina lastimada. Es un hecho que te van a lastimar en la vida. Lo que tú hagas con esas heridas determinará si te convertirás en una persona más amorosa o más amargada. La vida de amargura es una vida desperdiciada. Amargarse y luego aferrarse a las heridas sólo prolonga el dolor. Nuestra tendencia es decir: “Ya que me lastimaron, voy a
construir una muralla, voy a levantar una pared a mi alrededor, voy a encerrarme en mi caparazón, y no voy a permitir que nadie se me acerque; ni siquiera Dios mismo, ya que Dios permitió que
eso ocurriera”. Comenzamos a culpar a Dios de cosas que los demás nos hicieron. Como consecuencia, cerramos la mente. A menudo, a aquellos a quienes se ha lastimado profundamente les resulta difícil abrir la mente y el corazón a Dios, porque se han guardado muchas cosas adentro y sienten dolor.

No hay duda de que entre tantas personas como hay aquí, algunas han sido lastimadas profundamente en el pasado. Probablemente algunas hayan perdido a un ser querido, quizá recientemente, quizá a un hijo, un hijo joven, y todavía sienten dolor. Muchos experimentaron abuso sexual cuando niños. Algunos fueron víctimas de abuso verbal, abuso físico, abuso emocional.
Algunos de ustedes han experimentado la traición de un amigo cercano y eso todavía provoca dolor. Algunos aun quizá fueron lastimados por gente que dice ser católica; o quizá participabas
en alguna iglesia y otros que supuestamente son cristianos no actuaron como tales, no hicieron lo que hubiera hecho Cristo. Te lastimaron y te decepcionaron en la Iglesia misma. Uno se siente
proclive a decir: “Si eso es el cristianismo, Dios, ¡muchas gracias, pero no quiero saber nada!”

Le echamos la culpa a Dios de lo que nos hacen otros.Si te han lastimado profundamente, quiero decirte dos cosas: la primera es que lamento que estés dolido. Lo digo con toda sinceridad. Lamento que estés sufriendo. Dios te acompaña en ese dolor. Llora contigo. Entiende el dolor que has experimentado. Una vez una mujer dijo en un funeral: “¿Dónde estaba Dios cuando mi hijo murió?” Y yo pensé: “En el mismo lugar que cuando Su Hijo murió: en la cruz”. Dios no ha prometido librarnos del dolor. Lamento que estés sufriendo. Dios sufre contigo.

En segundo lugar, quiero decirte que cuando sientas dolor y estés lastimado, no corras, alejándote de Dios. Más bien corre hacia él. Él es quien puede ayudar. Él es quien puede consolar. Él es quien te puede cuidar. Él es quien puede cambiar las cosas. Él es quien trae sanidad a tus emociones y a tu cuerpo y a tu pasado. Ningún otro puede hacer eso. Cuando tu dolor te lleva a escaparte de Dios, te estás escapando de la única persona que puede curar ese dolor. No lo hagas. No te alejes de Él. Vuélvete a Él en tus momentos de crisis. Vuélvete a Él con tu dolor en lugar de guardártelo. Entrégaselo a Él. Nunca permitas que ningún otro ser humano o ninguna otra experiencia bloquee tu relación con Dios. Eso es una tontería. Aun si se trata de personas que dicen ser cristianas y te han lastimado: sí, ellos también te pueden lastimar. Entrega ese dolor a Dios. No te desconectes de Dios porque alguien te hizo algo. Entrégale el dolor a Dios. No le cierres el corazón y no cierres la mente. La tragedia es que ese camino es árido, allí no crece nada, no da ningún fruto. Una vida amarga es una vida que no sirve para nada: sólo prolonga el dolor. Jesús dice que las aves se acercan y se comen la semilla. ¡Ese tipo de vida es un desastre!

Más bien, considera el versículo de Santiago 1,21 “Por lo cual, desechando toda inmundicia y todo resto de malicia, recibid con humildad la palabra implantada [noten la palabra
“recibid”], que es poderosa para salvar vuestras almas”. Permítele a Dios amarte, baja las defensas y abre la mente.

El primer paso para escuchar a Dios hablar es que debo cultivar una mente amplia.


2. DEBO APARTAR TIEMPO PARA ESCUCHAR.

Debo hacerme el tiempo para escuchar a Dios. Debo desacelerarme, tomar momentos de quietud, ponerlo en mi programa diario Planeamos para todo lo demás en la vida: vacaciones, citas con el dentista, salidas, tareas de escuela, para todo. ¿Pones en tu lista un tiempo para Dios? ¿O le das a Dios sólo las sobras? La segunda razón por la cual muchos nunca escuchan a Dios es porque andamos siempre con demasiada prisa. Los jóvenes siempre están de prisa. Vivimos en una sociedad tan competitiva que estamos siempre corriendo. Una estadística ( sí, me gustan las estadísticas, je,je ) dice que ahora se están vendiendo más jugos embotellados que jugos congelados, porque toma mucho tiempo descongelarlos y la gente no quieren perder el tiempo que lleva esperar que algo se descongele. Aun la correspondencia que se envía por Federal Express para que llegue al día siguiente ya no se considera suficientemente rápida. Los fanáticos de la computación llaman al ciberespacio “correspondencia a paso de tortuga” porque es tan lenta. Uno se sienta frente al teclado y teclea y envía, y va a donde tú quieres que vaya en una fracción infinitesimal de segundo. Siempre estamos de prisa. No hay nada de nuevo en esto.

El filósofo francés De Tocqueville dijo hace 150 años que la gente siempre esta de prisa. Cuando vivimos de manera apresurada, Dios lleva las de perder, lo dejamos para lo último. Le damos las sobras de nuestro tiempo. Sí, queremos que Dios nos hable, pero lo que en realidad le decimos es: “Dios, llevo prisa, así que ¡hazlo pronto! ¡Tengo sólo un minuto!” Cuando salgo corriendo por la puerta rumbo a mi proyecto o trabajo siguiente voy diciendo: “¡Bueno, Dios, háblame, pero hazlo ya mismo!” El resultado es que no oímos lo que Dios nos quiere decir.
V. 6: “Otra parte cayó sobre las piedras y, cuando brotó, las plantas se secaron por falta de humedad”. V. 13 “Los que están sobre las piedras son los que reciben la palabra con alegría cuando la oyen, pero no tienen raíz. Éstos creen por algún tiempo, pero se apartan cuando llega la prueba”.

Tal como el camino endurecido representa la mente cerrada, la tierra no profunda representa la mente superficial, sin profundidad. Cuando Jesús habla aquí de terreno pedregoso, no está hablando de un terreno que tiene un montón de rocas. En gran parte delMedio Oriente y sobre todo en Israel, gran parte de Israel está construida en una base de piedra caliza con unos 8 a 10 cm. de tierra encima. Es decir que las plantas pueden crecer hasta unos 5 a 7 cm. y basta. Así que cuando llega el verano y el calor aprieta, las plantas se marchitan. Se mueren porque no tienen raíces debido a que hay un lecho de roca sólida por debajo que no les permite desarrollar raíces profundas.

Jesús está diciéndonos que esto representa al oyente superficial de la palabra de Dios. La palabra crece rápidamente y lo entusiasma pero no permanece. Cuando las cosas se ponen candentes y
llegan los problemas, se marchitan y caen. Nosotros hacemos lo mismo. A veces oímos a Dios y sentimos un tremendo entusiasmo, y por fuera nos sentimos conmovidos y reaccionamos con mucha emoción y sentimos un toque. Pero nunca le damos tiempo como para que penetre, que cale hondo en nuestra mente. Sería imposible contar cuánta gente me ha dicho: “¡Ese mensaje me tocó tanto! ¡Me hizo llorar!” Pero después de un mes uno no percibe ningún cambio de vida o de conducta en sus vidas. Siguen viviendo de la misma manera. Se entusiasmaron con el mensaje pero no hicieron nada al respecto. En consecuencia son superficiales. No tienen raíces. Cuando las cosas estén candentes, no resistirán.

¿Por qué es que no experimentamos cambios? La Fuerza Aérea de EEUU hizo un estudio y descubrió que olvidamos del 90-95% de todo lo que oímos en un lapso de 72 horas. Si estás buscando una estadística que deprima a los sacerdotes, ¡pues, ahí la tienes! Los sacerdotes, lideres laicos y predicadores trabajan arduamente ( o eso esperamos), para producir esa magnífica obra de arte llamada sermón, para darnos cuenta que para el miércoles ya olvidaste todo lo que se dijo el domingo en la misa o tras el retiro, salvo quizá el 5%. ¡Yo mismo no recuerdo qué prediqué la semana pasada! Por eso es que yo uso los bosquejos y guias del tema cuando predico. Toma apuntes y luego revísalos. Un lápiz corto llega más lejos que la memoria más larga. Si no tomas apuntes, te olvidas de todo. Si te lo olvidas, no puedes ponerlo en práctica.

Ese es un problema que todos tenemos, aun los líderes . Una vez fui a una conferencia y oí un mensaje. Dios me habló: “Debes mejorar esa área de tu vida”. Pensé: “Tienes razón. Realmente
tengo que mejorar esta área de mi vida”. Me sentí motivado y con las bateríِas cargadas. Pero no sé cómo, esos apuntes que había tomado se extraviaron y esta semana los encontré en otra pila.
Cuando los tomé, me di cuenta que en dos meses no había hecho nada. Ya me había olvidado de aquello que me tenía tan entusiasmado y motivado hacía tan poco tiempo. En una reunion del grupo de Courage en México pregunté: “¿Cuántos de los que están aquí dicen que creen y están de acuerdo con los Diez Mandamientos?” Todos levantaron la mano. Luego pregunté: “¿Quiénes quisieran subir aquí arriba y recitarlos?” Creo que la mayoría de ustedes no podría ni siquiera mencionarlos a todos. ¿Cómo puede uno decir que su vida está basada en los Diez Mandamientos cuando ni siquiera los puede mencionar a todos? A menos que retengamos y repasemos lo que Dios nos dice, nos estamos engañando a nosotros mismos. ¿Cómo puede ser que la gente venga a la iglesia año tras año y nunca tenga cambios verdaderos? Porque entra por un oído y sale por el otro.

El versículo dice que el segundo tipo de personas, versículo 13: “...reciben la palabra con alegría [noten esto] cuando la oyen, pero no tienen raíz”. En otras palabras, no la retienen. Está diciendo que uno puede emocionarse sin transformarse. Necesitamos anotarla en una libreta o en una carpeta con apuntes de temas; cuando estamos en un estudio bíblico, debemos tomar notas. Luego debes revisar todo eso en forma habitual para no tener que aprender la misma  lección una y otra vez.

Algunos dirán: “Hace 25 años que soy católico. . .” No, hace 25 años que eres creyente pero no tienes 25 años de experiencia. Tienes un año de experiencia, repetido 25 veces. Necesitas aprender constantemente porque no retienes. Debes hacer el tiempo para permitir que te entre. Debes planificar tiempo cada día para sentarte con tu Biblia y leerla, meditar en tu vida, quizá repasar algunas de las lecciones que has aprendido, tomar apuntes, preguntar a tu sacerdote, oir  y al ir repasando, seguir creciendo.

Estos cinco años en Courage, he visto a muchos que comenzaron muy bien. Cuando recién llegaron, se sentían entusiasmados y emocionados y llenos de gozo. Hoy no se los ve por ningún lado. Tenían mucho entusiasmo pero eso no es suficiente para que a uno le vaya bien en la vida cristiana. Se necesita compromiso; el compromiso que te hace decir: “Voy a hacer un hábito de sentarme a repasar lo que me enseñan”. ¿Para qué me va a enseñar cosas nuevas Dios, si no he puesto en práctica lo que me enseñó la semana pasada? o ayer, o anoche.

¿Por qué es que la gente no echa raíces? Porque no apartan el tiempo. ¿Cómo se echan raíces? Aparta tiempo para escuchar a Dios. Dile: “Dios, voy a pasar contigo 10 minutos, 15 minutos, 20 minutos por día”. No es cuestión de cantidad de tiempo. Sólo debes comenzar, y luego cada día pasas tiempo a solas con Dios y le dices: “Bien, Dios, ¿y ahora qué? ¿Cuál es el próximo paso en mi carrera? ¿Cuál es el próximo paso en mi proceso de vida de castidad? ¿Cuál es el próximo paso en mi familia?” Dios no te puede hablar a menos que te desaceleres.

Debes cultivar una mente abierta y apartar tiempo para escuchar.


3. DEBO ELIMINAR LAS DISTRACCIONES.

Muchas veces no podemos oír a Dios porque nuestras mentes están llenas de otros pensamientos. Tenemos las mentes llenas de otros asuntos del diario vivir, preocupaciones, planes, metas, ambiciones, cuentas, todos estos distintos tipos de cosas. Cuando nuestra mente está ocupada y siempre pensando y nunca dándole a Dios la oportunidad de que nos hable en quietud, Dios no puede comunicarse.

Te ha pasado que marcas un teléfono una y otra vez y solo escuchas  “Disculpe, pero todos las líneas están ocupadas”. Muchas veces Dios ha querido hablarte pero la línea está ocupada. Muchas veces Dios ha querido hablarle a tu vida pero el teléfono estaba descolgado, y a Dios no se lo pone en espera. Debes hacer tiempo. Cuando estás demasiado ocupado (y hay muchas cosas que son buenas pero que te pueden distraer, sí, incluso cosas de la iglesia te pueden mantener ocupado para no escuchar a Dios), estás demasiado ocupado para escuchar a Dios.

En el V. 7 Jesús dice: “Otra parte cayó en medio de los espinos [malezas] y los espinos, al  crecer con ella, la ahogaron.” V. 14: “La parte que cayó entre espinos son los que oyen, pero,
con el correr del tiempo, los ahogan las preocupaciones, las riquezas y los placeres de esta vida,  y no maduran”. El tercer tipo de terreno donde el labrador arroja semillas, el terreno con malezas, representa la mente preocupada. Estamos abstraídos. La semilla germina y crece pero se ve ahogada por las malezas, antes de que pueda dar fruto.

¿A qué se debe que tanta gente viva una vida improductiva? A veces hablo con gente de 30, 40, 50, y aun 60 años, que dice: “No sé qué es lo que debo hacer con mi vida”. Eso me indica algo:
Que no estás pasando demasiado tiempo con Dios. El propósito de Dios no fue que anduvieras  por ahí malgastando tu vida. Si pasaras tanto tiempo hablándole a Dios sobre tu vida, como lo
haces preocupándote por la misma, tendrías mucho menos cosas por las que preocuparte. Dios no está jugando jueguitos contigo. Él tiene un plan y un propósito para cada vida, pero no vas a
saber cuáles son si te pasas el tiempo mirando novelas o escuchando radio. Debes pasar tiempo con Dios. Nos distraemos y permitimos que todo y todos empujen y alejen a Dios de nuestras
vidas. Antes yo tenía un letrero en mi oficina que decía: “Cuidado, la vida atareada puede ser una vida árida”. Nunca se te ocurra confundir actividad con productividad. Algunos de ustedes
están siempre ocupados, pero lo que en realidad hacen es estar dando vueltas. No saben concentrarse, no tienen una meta, una razón de ser, un propósito general. No han descubierto para qué los puso Dios aquí. ¿Por qué? Porque no están hablándole ni permitiendo que Él les  hable a ustedes. Deben deshacerse de las distracciones.

Jesús dice que las distracciones son como la maleza. Nos da tres ejemplos. Primero, que las preocupaciones pueden distraerte e impedirte que oigas a Dios hablar. Uno no puede orar y
preocuparse al mismo tiempo. Las preocupaciones son los problemas y presiones del diario vivir. La palabra, en griego, significa “sentirse tironeado”. Estar tironeado en distintas direcciones.
¿Alguna vez sentiste eso? Tironeado en distintas direcciones. Esa es la definición bíblica de “preocupación”. Cuando estás preocupado no puedes oír lo que Dios te quiere decir. Estás
preocupado, distraído. Las riquezas pueden ser una maleza en tu vida. Podemos estar tan ocupados en ganar dinero que no tenemos tiempo para Dios. Tan ocupados en ganarnos la vida, que en realidad no vivimos. No gozamos de la vida como debemos. Nos levantamos a la mañana y vamos a trabajar. Trabajamos mucho para pagar las cuentas, y para llegar a tener lo que tienen nuestros vecinos y
mantener ese nivel, y luego nos caemos en la cama a la noche, nos levantamos a la mañana siguiente y hacemos lo mismo. Dios se queda afuera. Dios recibe las sobras de tu vida. En tu afán por ganar mucho dinero te puedes olvidar de Dios.

Otra maleza pueden ser los placeres. Los placeres no tienen nada de malo. ¿Quién crees que te dio la capacidad de disfrutar del placer? Dios. Dios ideó la diversión que hay en la vida. Dios te
dio los sentidos, y la capacidad, y el sentido del tacto para que disfrutaras del placer. Dios desea que disfrutes de los placeres. Pero dice que puedes estar tan ocupado divirtiéndote que te olvidas
de Él. Cuando la recreación reemplaza el culto a Dios . . . : “¡Estamos en verano! Creo que no voy a ir a la iglesia este fin de semana . . . No voy a ir al estudio bíblico . . . Estamos en vacaciones así que no me voy a tomar momentos de quietud”. ¿De quién te estás tomando vacaciones? ¿De Dios? Puedes estar muy ocupado divirtiéndote (y Dios quiere que te diviertas) pero cuando eso se hace lo más importante en tu vida, adivina quién queda de lado.

Hay muchos distintos tipos de maleza. Puedes hacer tu propia lista de cosas que tienden a dejar a Dios afuera. Puede ser una relación, una responsabilidad . . . cualquier cosa. La maleza es todo
aquello que me distrae e impide que haga tiempo para estar con Dios, que tome asiento para estar en silencio y orar y decir: “Dios, ¿hay algo que me quieras decir hoy?” Algunos días te dirá algo,
otros no. Pero debes tener la línea libre para que así pueda hablarte.

Una pregunta muy teológica: ¿Cuánto esfuerzo se necesita para que crezca la maleza? Ninguno.  La diferencia entre la planta y la maleza es que a la planta se la cultiva, se la fertiliza, se la poda, se la riega, y no crece. A la maleza uno no le hace nada y hace toda una explosión. Esa es la diferencia. No se necesita regar la maleza. ¡Crece y ya está! La maleza es señal de descuido. Cuando descuido mi tiempo a diario con Dios, cuando dejo de asistir a mi grupo de Courage, cuando no voy a los momentos de adoración a Dios que paso junto a otros miembros de la comunidad, no voy a los retiros, cualquiera de esas cosas, comenzarán a crecer malezas en mi vida y la Biblia dice que van a ahogar mi vida espiritual. Voy a perder el gozo, la paz, el propósito, mi tranquilidad, mi capacidad de manejar el estrés, etc. La maleza sofocará tu vida, y va a aparecer simplemente por descuidar tu tiempo con Dios.


4. DEBO COOPERAR CON LO QUE ÉL DICE.

Dios le habla al que por anticipado decide que va a hacer lo que Él le pida, y cuando Él se lo pida. La mayoría de nosotros queremos que Dios nos hable y luego decidiremos si vamos a obedecer o no, y Dios entonces dice: “No, no. Esto no es un juego”. Dios le habla al que va a hacer lo que Él le pide, una vez que se lo pida.

Conozco una parroquia cuyo ministerio de música cantó una canción que decía: “¡Sí, Señor, sí!”. En realidad eso era todo lo que decía la canción. Cuando la terminaron, el predicador se dio vuelta y dijo: “Muy bien, Dios. Ya escuchaste cuál es nuestra disposición. Ahora, dinos qué debemos hacer”. Eso es lo que Dios desea que hagas. Si quieres que Dios te hable, debes decirle: “Muy bien, Dios, voy a hacer lo que me digas que haga ya sea que lo entienda o no, aunque tenga sentido o no, aunque crea que me gusta o no, porque sé que es lo apropiado, y sé que Tú sabes mejor que yo qué es lo que me haría feliz”. Es cuestión de confianza.

El cuarto terreno representa el corazón dispuesto; dispuesto a hacer lo que Dios te pide que hagas, aun antes de que Él te lo pida. V. 15: “...la parte que cayó en buen terreno son los que oyen la palabra con corazón noble y bueno, y la retienen; y como perseveran, producen una buena cosecha”. Subrayen la palabra “retienen”. No solamente oyen la palabra de Dios pero la retienen. Toman sus apuntes, la escuchan, meditan en ella, y la repasan. El resultado de ello es una vida productiva.

¿Quieres que tu vida valga de algo? ¿Te gustaría tener una vida productiva, en la que te sientes realizado, una vida de satisfacción? Entonces haz lo que dice Santiago 1, 22: “No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos”. Te estás engañando si crees que vas a crecer sólo con venir a la iglesia. “Llévala a la práctica”.

Si yo pudiera conectar una máquina a tu cerebro en este momento y mostrar los resultados en una de estas pantallas visuales, algunos sentirían vergüenza. Para algunos la pantalla quedaría en
blanco o qué tipo de imagenes proyectaría. ¿Qué mostraría tu cerebro espiritual en la pantalla? ¿Tendrías la mente cerrada? ¿Tendrás una mente superficial, que se entusiasma en el servicio de adoración y luego al salirte olvidas de todo? ¿Tendrías una mente distraída, que desea hacer lo correcto pero estás muy ocupado en este momento para ello? ¿O tendrías la mente dispuesta?

Quiero terminar con una pregunta: ¿Qué vas a hacer después de este mensaje? La Biblia dice: “No se contenten sólo con escuchar la palabra...llévenla a la práctica”. Haz algo.

Cuando termines de leer este artículo o esta enseñanza quien intentará robar la semilla de lo que hablamos aquí hoy: el diablo. Te va a distraer, te hará pensar a dónde vas a ir a almorzar, o en el tonto que
metió su auto delante del tuyo al salir del estacionamiento, o en cualquier otro tipo de distracciones.

A fin de que lo que hablamos hoy sirva de algo y no eches a perder lo que aprendiste hoy te voy a dar un proyecto para hacer. Haz una cosa como consecuencia del mensaje de
hoy. Podría ser integrarte a un estudio bíblico, comenzar a memorizar un versículo bíblico por semana, comenzar a pasar un momento de quietud cada día: 5, 10, 15 minutos. ¡Haz algo! No
lo arrojes todo por la borda.

Estoy terminando de escribir este artículo y solo faltan 7 días para comenzar una nueva década: 2010. Hace diez años que empezó el nuevo milenio. No dejes que pasen 10 años mas y tu vida siga igual. Muchos me han oido decir lo mismo por años: Si sigues haciendo las mismas cosas tendras los mismo resultados, si haces cosas diferentes tendras resultados diferentes!

 

Last Updated on Wednesday, 23 December 2009 17:10
 

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